SOMA, un acercamiento a la metafísica

DONDE FILOSOFÍA, TERROR Y VIDEOJUEGOS SE DAN LA MANO-

“Vaya título más pedante, Pepino, esta vez te has lucido macho. Vete a tomar por culo”, estarás pensando en este momento. ¡Tranquilo, que no vengo a dármelas de listillo! No te vayas aún hombre, espera, que te explico.

Bueno, la cosa es que si no has jugado a ese maravilloso juego que es SOMA, pues casi mejor que sí, que te vayas, porque no es que este post tenga spoilers del mismo, es que el post en sí mismo es un tremendo spoiler gigante. Así que si no lo has jugado, cierra esta ventana, juégalo (¡ya tardas!) y cuando te lo termines vuelves y lees lo que viene a continuación.

Que no se diga que no he avisado, eh.

Este maravilloso videojuego de Frictional Games a priori podría parecer una terrorífica aventura de ciencia ficción (y de hecho lo es, y muy buena) pero tras haberlo jugado he llegado a la conclusión de que es algo más. Es una obra que te hace replantearte todo lo que sabes y conoces. Es pura metafísica hecha videojuego. Además, a pesar de que tú como jugador esperas básicamente un Amnesia de corte futurista (es de los mismos creadores) y asustarte corriendo y ocultándote de los monstruos, no es eso lo que te va a dar más miedo.

En esta aventura de ciencia ficción eres Simon Jarret, un tipo normal, que vive en un piso normal en una ciudad normal, con un trabajo normal, coges el metro como cualquier persona normal y lidias con problemas normales como cualquier persona normal. Todo muy normal. Queda claro el concepto, ¿no? estás en tu zona de confort, no hay sobresaltos ni grandes sorpresas, te sientes cómodo. Durante los primeros minutos de juego, lo que haces es rutinario y hasta aburrido a veces. Un día vas a un neurólogo para participar en unos experimentos. Te sientas en una silla especial y te conectan unos electrodos en la cabeza para medir tu actividad neuronal. Cierras los ojos y cuando vuelves a abrirlos, todo lo que sabes, todo lo que conoces, tu concepción propia del mundo y de la realidad, se ha esfumado para siempre.

BUM.

Eso es. Exactamente esa sensación de estar completamente perdido, de no saber qué ha pasado ni qué va a pasar, no saber dónde estás, si estás vivo o muerto, no tener ni idea de cómo has llegado ahí, ni cuánto tiempo ha pasado, desconocer si podrás volver a la ¿realidad?, a tu vida tal y como la conoces… ESO es lo que te da auténtico terror.

Seguro que apenas puedes discernir lo que aparece en esta imagen. Desconoces lo que ves, y eso te causa ansiedad y te perturba. Y si acabas descubriendo de qué se trata, la verdad te parecerá más aterradora aún… pues ésta es la sensación que viví con SOMA.

Te encuentras de repente en una especie de oscura fábrica totalmente desconcertado y perdido. Yo al principio estaba disfrutando el juego, pero durante aproximadamente toda la primera mitad del mismo me preguntaba a cada rato qué coño estaba pasando. Y si conseguía alguna respuesta, más preguntas florecían en mi interior y cada vez entendía menos. Era realmente inquietante.

¿Por qué si estoy debajo del agua no puedo flotar? ¿Por qué no me ahogo? ¿Qué son todas estas aberraciones y por qué me persiguen? ¿Por qué todos los robots medio rotos y abandonados que hay aquí creen ser humanos? Oh, espera… ¿quién soy? O mejor dicho… ¿qué soy?

No hay nada más humano que el miedo a lo desconocido, el no poder explicar nada de lo que percibes con tus sentidos. En Frictional Games lo saben y lo han transmitido a la perfección en este título, ya que esa incertidumbre te lleva a cuestionarte absolutamente todo.

El terror de SOMA es como caminar por un pasillo oscuro sin saber cómo has llegado ahí, cómo puedes salir, ni qué hay a tu alrededor.

Según avanzas en el juego, solucionando puzzles y llevándote unos buenos sustos con los monstruos, vas descubriendo paulatinamente lo que está sucediendo, y aquí es donde todo va cobrando sentido y comienzas a enfrentarte a un montón de dilemas morales de gran calado, y ahí es donde SOMA brilla todavía más, si cabe. Pero hablaremos de eso más adelante.

La cuestión es que estás en un futuro lejano, en una instalación situada en las profundidades del océano. Está claramente abandonada y allí sólo quedan monstruos humanoides, y robots medio averiados que creen ser humanos normales y corrientes. Tú tampoco reconoces tu cuerpo, ahora similar al de un robot, pero… de alguna manera “sabes” que eres Simon Jarret, un humano. Tienes sus recuerdos, tienes su personalidad, su voz… eres consciente de que algo ocurre… pero no sabes bien qué.

Descubres horrorizado que te encuentras atrapado en un cuerpo que no es el tuyo, un cuerpo robótico “prestado” para almacenar tu mente. Si lo piensas acojona, ¿eh?

Sucede que eres parte de un programa, llamado el Arca, ideado por un grupo de ingenieros para preservar la conciencia humana en una especie de software y lanzarla al espacio, a un lugar seguro para que la esencia de la humanidad se conserve por siempre, ya que la Tierra fue prácticamente devastada tras un meteorito y los humanos extinguidos. Este proyecto no llegó a realizarse del todo en su momento, así que tu misión consistirá en poner el cohete con los datos de la mente humana en órbita.

¿Y los monstruos? ¿De dónde salen? Pues existe una especie de Inteligencia Artificial super avanzada, llamada WAU, destinada en un principio a cuidar de los seres humanos. Al extinguirse éstos, la máquina intenta recrear la vida orgánica de nuevo. El objetivo de la WAU es noble y no se diferencia mucho del tuyo, que es preservar el conjunto de la mente humana, sólo que esta máquina tiene evidentes fallos y los resultados que arroja son nefastos (y te dan más de un susto). Aunque claro, el hecho de que tú estés ahí también es gracias a la WAU… ¿la destruirás o no?

Los monstruos con los que te topas en SOMA son pocos pero absolutamente amorfos y horripilantes, dan más grima que el bigote de tu prima.

Aunque pudiera parecer una decisión sencilla, no lo es tanto. Si te paras a pensarlo… si destruyes la WAU, estás eliminando toda posibilidad de que la vida orgánica como la conociste vuelva a renacer en la Tierra. Al fin y al cabo, es una IA que aprende con el tiempo y evoluciona. En el futuro podría ser la clave del renacimiento de la humanidad en el planeta…

Y éste es solo el primero de los muchos dilemas morales a los que te enfrentarás a lo largo de la aventura. Decisiones que de una manera u otra afectarán al futuro de la humanidad. Un peso que tendrás  que cargar en tus hombros, porque no hay nadie más que pueda hacerlo, literalmente… y por el camino te seguirán asaltando dudas existenciales cada vez más difíciles de responder.

Para mí uno de los momentos más memorables de SOMA es cuando en la recta final del juego te encuentras a Sarah Lindwall, una ingeniera del equipo responsable del proyecto del Arca… y resulta ser nada más y nada menos que el último ser humano vivo de la Tierra. ¡Ahí es nada!

Lo delicado de la situación es que ha estado por años postrada en una silla de ruedas, anciana y dolorida, sin poder moverse, conectada a un respirador que la mantiene con vida… el cual te pide que desconectes para que acabes con su sufrimiento.

¿Aplicarás la eutanasia al último ser humano de la Tierra con todo lo que ello conlleva, a pesar del sufrimiento que sufre esta persona, o la dejarás vivir a costa de su sufrimiento por un bien mayor?

En mi partida accedí a darle una muerte digna. Me pidió que me quedase con ella hasta el final, y empezó a contarme cosas de cuando vivía en Dinamarca. Con su último aliento, me rogó que lanzase el Arca al espacio, para que así la humanidad pudiera vivir más allá de las estrellas. Y después murió, y con ella también murió oficialmente la humanidad. En ese momento sentí que hice lo correcto, aunque no pude evitar sentirme mal conmigo mismo.

Todas las decisiones a las que te ves sometido en este juego son muy jodidas, y si bien no afectarán demasiado al gameplay, te dejarán tocado mentalmente.

Al final llegas al Arca, donde se encuentran todos los datos de la humanidad, en la plataforma de lanzamiento. La líder del proyecto, Catherine Chun (que te ha acompañado por esta travesía porque su “mente” está insertada en una aplicación que llevas contigo) te dice que si consigues realizar el lanzamiento con éxito, podrás vivir en otro planeta en el que el Arca aterrice algún día. Esto será posible porque podrás descargar tu conciencia también en el Arca, a pesar de que tú ahora estás en ese extraño cuerpo robótico. Ilusionado, activas el botón de lanzamiento, ves que el Arca despega y tu misión se ha cumplido finalmente, pero… tú sigues allí. ¿Qué ha pasado? ¿Te ha engañado Catherine y estás condenado a vivir por siempre en ese horrible lugar? ¡No puede ser!

Estás como al principio, inmerso de nuevo en un mar de dudas, la pantalla se funde a negro y salen los créditos. ¿Ya se ha acabado?

Pero espera…

Cuando todo parece perdido, y que estás condenado para la eternidad, se vislumbra una luz al final del túnel.

Despiertas. Abres los ojos y estás en una cueva,  tu cuerpo es humano. Sales de la caverna y estás en una isla paradisíaca, el sol brilla y todo es tranquilo y hermoso. ¿Acaso fue todo una pesadilla?

Avanzas un poco más y en la playa ves a la propia Catherine Chun, en persona. Está ahí esperándote, y te dice que por increíble que parezca, lo habéis conseguido. Ahora podéis comenzar una nueva vida juntos en este planeta. La cámara se aleja y difumina y nos permite ver que realmente estamos dentro de la unidad de almacenamiento de datos del Arca surcando el espacio. La cueva, la isla, el río, Catherine y tú con cuerpos humanos… Nada de esto es real, sólo es una simulación generada por una IA, vagando por la inmensidad del universo.

Y ahora sí, fin del juego.

Y éste es el punto al que quería yo llegar desde el principio de este artículo. Quería llegar a ese momento en el que te das cuenta de que esta aventura de ciencia ficción no es para cualquiera, y plantea ciertas cuestiones muy difíciles de responder.

Una de las cosas que más me han gustado de SOMA es que, tras su apariencia de juego de terror de ciencia ficción, es un juego muy profundo, con una fuerte carga filosófica y que hace pensar al jugador.

Veamos, finalmente has conseguido lanzar el Arca y vives feliz en un lugar onírico donde empezar de nuevo… pero aunque lo ves y lo sientes real, ahora sabes que no lo es. No es más que un mundo virtual recreado por ordenador que no existe físicamente como tal. ¿De qué sirve entonces? ¿Merece la pena “vivir” esa vida aun a sabiendas de que es falsa? O ya puestos a hacernos preguntas… ¿cómo distinguir lo que es real de lo que es una simulación? ¿Qué determina lo que es real o no? Porque aunque no estuvieses en el cuerpo humano que tú reconocías como tuyo, hiciste lo necesario para que el Arca despegara, y eso sí fue real. ¿O quizás no?

Si fue real, ¿hiciste despegar el Arca porque era tu deseo, o porque eres un robot programado para ello? ¿Y cómo puedes saber que todo por lo que has pasado no ha sido otro conjunto de datos que dan forma a otra simulación generada por una IA? ¿Puedes estar seguro siquiera de que tus recuerdos de tu vida anterior eran reales?

Si te fijas, no he utilizado ni una sola captura del juego para adornar esta entrada. Seguro que te preguntas el porqué. Y es porque no quiero que te distraigas de la lectura observando los gráficos que tiene el juego, o el diseño de escenarios y personajes. Por eso he utilizado imágenes más conceptuales, que representen las sensaciones que quería transmitir.  Quería escribir acerca de SOMA de esta manera, haciendo hincapié en las indagaciones filosóficas que contiene el juego, y demostrando que su jugabilidad, sus gráficos… son lo de menos. Todo eso, en este caso, no es más que una carcasa. Una carcasa que esconde una magistral demostración de cómo darle un nuevo enfoque a los videojuegos, haciendo que pienses ya no sólo acerca de cómo solucionar los puzzles o cómo enfrentar a los enemigos, si no que vayas más allá y lleves a cabo todo un proceso intelectual que quizá nunca antes habías realizado. Por eso he titulado a este texto “SOMA: un acercamiento a la metafísica”.

Y es que en SOMA la evidencia del “Pienso, luego Existo” del filósofo René Descartes se hace más que patente, ya que de lo único que no podemos dudar es de que estamos dudando. Y por lo tanto, debemos existir…

¿Verdad?

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6 respuestas

  1. Pues buen texto te marcaste señor Pepino, no lo leí todo porque me avisaste de los spoilers pero si un buen cacho de lo que pusiste en palabras.

    Me agrada tu forma de redactar y me gusta aún más saber que en los indies encontraste una aventura que te inspiró tanto.

    De mi parte te recomiendo el que para mí es el mejor juego de 2021 hasta la fecha, Everhood, sí te gustan los juegos rítmicos te a flipar y si no aún así juegalo porque verás que no es el típico clon de Guitar Hero, su historia es muy extraña, casi de cuento y el final es una jodida locura.

    Sin más le despido y te deseo éxitos en tu web.

    1. ¡Hombre, pero qué honor tenerte en mi humilde blog! Bienvenido sea usted caballero.

      Muchas gracias por pasarte y comentar, me hace mucha ilusión. Me apunto el Everhood y le echaré un vistazo. ¡Gracias crack!

  2. La guinda a la maravillosa experiencia de acompañante en tu periplo stremeando esta obra maestra que algunos descubrimos gracias a ti es disfrutar de tus reflexiones e impresiones con una calidad incontestable…¡Me encantaría una entrada similar con Undertale!
    Gracias y felicitaciones, ¡fenómeno!

    1. La verdad es que jugar en directo esta aventura acompañado por todos vosotros fue una experiencia increíble. Por un lado, estaba todo el rato hablando con vosotros y haciendo chorradas, bailes y canciones para animar el directo, pero por el otro… ya ves que también estaba prestando atención a la trama del juego, aunque parecía que no xD

      Lo de Undertale me lo apunto, gracias. Quizá en un futuro…

  3. Sin duda este es uno de estos títulos que «te llevas puesto» una vez lo terminas, empujando casi literalmente al jugador fuera e sus convicciones y creencias sobre eso que llamamos realidad, y anima a plantearte prácticamente todo cuanto lo conoces. En definitiva, una experiencia en si mismo, que has sabido narrar maravillosamente bien, y pese a los spoilers, sabiendo animar a echarle una partidilla, o dos o tres, o las que se tercien.
    Desde luego es todo un cúmulo de sensaciones que te pone entre la espada y la pared a nivel moral mientras te sumerge (nunca mejor dicho) en un mundo único. Un título más que recomendable el que nos describes en este currazo de entrada. Vamos, ¡que te explicas que da gusto!, y encima con estos toques tan personales que te son tan propios.
    Vamos, que leerte es una maravilla :D.

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