SEXO Y VIDEOJUEGOS

-UNA PERVERTIDA SESIÓN DE VOYEURISMO A LA RELACIÓN ENTRE LOS JUEGOS ELECTRÓNICOS Y LAS GUARRERÍAS-

“No se puede caer más bajo Pepino… poner bien grande la palabra SEXO en la portada, junto a una chica sexy para intentar atraer gente a tu asqueroso blog. Ya te vale”. ¿A que es esto lo que has pensado al descubrir este artículo? pues alégrate, porque por una vez y sin que sirva de precedente, has acertado de pleno. A ver, no me juzgues por acudir a este tipo de estratagemas baratas. Tú no te haces una idea de lo duro que es llevar adelante un blog de videojuegos a estas alturas, en plena era de TikTok…

Pero bueno, aparte de eso, también quería desde hace tiempo tratar el asunto de los videojuegos y las cochinadas sexuales, porque es un tema bastante tabú que creo que debería hablarse con naturalidad y porque también es cierto que yo soy bastante guarrete, así que me lo paso teta (nunca mejor dicho) escribiendo esto. 

Antes de seguir, tengo que detenerme a avisarte de que debido al temario que vamos a tratar, evidentemente vas a encontrar imágenes sexuales explícitas diseminadas a lo largo y ancho del artículo, por lo que si eres menor de edad o un meapilas impresionable, es mejor que no sigas mirando y te vayas a cualquier otra entrada del blog. 

Que no se diga que no aviso. Puede que sea un marranote, pero un marranote responsable con nuestros niños.

Lo curioso es que a pesar de que el sexo lleva formando parte de la raza humana desde siempre, los videojuegos siempre han tenido una extraña relación con él. Y es que todavía hoy nos seguimos escandalizando cuando vemos una escena subida de tono en un videojuego. Eso sí, a día de hoy ya no nos asustan para nada los juegos que van de atropellar peatones, descuartizar y decapitar enemigos o liarse a escopetazos con todo cristo. Qué cosas, ¿eh?

Con el cine pasa algo parecido pero yo diría que casi siempre ha estado más aceptado socialmente el hecho de ver escenas calenturientas en una película, sobre todo en las últimas décadas. Al menos esa es la sensación que yo tengo. ¿Será porque tradicionalmente los videojuegos han estado siempre más enfocados a los más jóvenes? Pues eso es lo que vamos a ver, que la relación entre sexo y videojuegos ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, de forma paulatina y casi sin darnos cuenta. Venga, ponte cómodo, coge el papel higiénico y un poquito de crema, bájate los calzoncillos y vamos a comenzar con lo bueno. 

El caso es que al principio, cuando se inventó esto del entretenimiento electrónico, la tecnología no daba para mucho. Por lo tanto, los personajes eran básicamente un manojo de píxeles. Estábamos en la prehistoria del videojuego, y entonces uno podría pensar que era demasiado pronto para ir metiendo escenas de sexo en este nuevo invento. ¡Pero nada de eso! Ya en 1981 vio la luz el que está considerado como el primer videojuego erótico de la historia, el Softporn Adventure para Apple II. Era una aventura conversacional, por lo que solo había texto, pero el objetivo del juego era ligarte y llevarte a la cama a tres mozas. Como te imaginarás, ni el lenguaje utilizado ni los temas que se trataban eran adecuados para los críos. Te dejo un dato curioso que te va a hacer caer de culo: On-Line Systems, la empresa que desarrolló el juego, se transformó unos años después en la mítica Sierra On-Line, que publicaría la popular saga de Leisure Suit Larry, sucesora espiritual de este Softporn Adventure.

Habría que esperar un año más para poder ver tetas y culos virtuales en un videojuego, cosa que sucedió con juegos como el polémico Custer’s Revenge para la Atari 2600. generó un revuelo tremendo en la época, y hubo protestas de grupos feministas y representantes de comunidades indígenas porque en este juego encarnabas al mismísimo general Custer, pero tu misión no era llevar a la victoria al ejército de los Estados Unidos en la Guerra de Secesión, qué va. Todo lo que tenías que hacer era caminar unos metros por el desierto esquivando flechas para poder violar a una india de generosas berzas. ¡Qué bella y educativa forma de aprender historia! 

¿Te creías que estaba de broma? Pues mira, Custer’s Revenge existe y es real. Tan real como la pedazo erección que me lleva el amigo Custer. ¡Mira qué chorizo de cantimpalo!

Por esta época salieron algunos juegos eróticos más, como Night Life, un peculiar simulador erótico con escenas sexualmente explícitas que pretendía, ni más ni menos, ayudar a las parejas a mejorar su vida sexual. Tal y como suena. También habría que destacar X-Man, juego que consistía en recorrer laberintos con un hombre desnudo. Al llegar a la meta, serías recompensado con una escena sexual que podías controlar.

Además vieron la luz otros títulos como Beat’Em & Eat’Em, Bachelor Party, Chaos Angels, Swinging Singles o diversos juegos de Strip Poker, pero poco o nada tenían que aportar al panorama, salvo las risas que uno se echaba con las locas ocurrencias de los programadores. Por ejemplo, Swinging Singles venía a ser un sucedáneo de Pac-Man, en el que al pasar el nivel entrabas en un puticlub y luchabas contra enfermedades venéreas. Una vez derrotadas, por fin podías llegar donde una fulana y pulsar botones hasta hacerle llegar al orgasmo. Qué bien, ¿eh?

De todas formas, yo diría que quizá los dos grandes clásicos de esta época, aquellos que destacaron entre todos los demás juegos cochinos son Gals Panic (el célebre clon de Qix versión puerca) y el ya mencionado Leisure Suit Larry. Al menos éstos fueron los más exitosos, ya que Gals Panic contó con por lo menos unas ocho entregas, que se dice pronto, y el bueno de Larry más de diez, convirtiéndose en uno de los personajes videojueguiles más icónicos de su tiempo. 

Mas allá de ser videojuegos cuyo principal reclamo son las situaciones picantonas, la verdad es que la mayoría de los juegos de Larry son muy buenas aventuras gráficas.

Un poco más adelante, al inicio de los años noventa, cuando el videojuego se convirtió en un fenómeno de masas y llegó a un público mucho más amplio (principalmente niños y chavales jóvenes), al principio no se prodigaron demasiado los juegos guarros. Por lo general uno se tenía que conformar con los juegos nombrados antes o alguna creación casera cutre. Algunos sin embargo pudimos disfrutar, unos años después, de algunos regalitos extras que venían en algunas recopilaciones piratas de juegos para PC, como el mítico Tatoo 4, que traía un buen lote de juegazos y los famosos vídeos porno de Pamela Anderson y Tomy Lee en el barco. Todos ellos en glorioso formato MPEG. Se me cae la lagrimilla nostálgica de la emoción…

Pero conforme fue avanzando la década, también se fueron poco a poco animando las pililas de los jugadores, porque por estos años se pasó de la simple provocación y de usar el sexo como reclamo comercial, a sexualizar personajes y ofrecer fanservice gratuito. Llegaron franquicias de videojuegos cuyos protagonistas significaron el despertar sexual de muchos preadolescentes curiosos de comenzar a experimentar con su pichillas. Por ejemplo ahí tenemos a la grandiosa Lara Croft en la saga Tomb Raider, que si bien el contenido sexual brillaba por su ausencia, la simple presencia de Lara fue más que suficiente para que los chavalines se rascasen la entrepierna con sus pechos triangulares. Y no solo eso, sino que también buscasen desesperados por todos lados trucos para tratar de desnudar a la famosa arqueóloga (sin éxito).

También es necesario mencionar a Duke Nukem, personaje machista y putero, cuyo modus vivendi era beneficiarse a todas las mozas de buen ver que se encontraba mientras salvaba a la Tierra de invasiones alienígenas. Uno de los principales atractivos de sus juegos, además de la acción desenfrenada y los chascarillos cerdos, era hacer que las strippers bailasen para ti. 

Al bueno de Duke se le podía acabar la munición, pero nunca la propina para las strippers.

El género de la lucha también se volvió picantón, puesto que se popularizaron personajes muy sexys, como Chun-Li, Cammy, Mai Shiranui, Sonya Blade, Nina Williams y sobre todo las chicas de Dead or Alive, que eran un montón y por lo que sea todas tenían unas tetas como cabezas de mongolo. De hecho más adelante acabaron protagonizando juegos como Rumble Roses, que iba de pegarse en lencería e incluso peleas en el barro, o Dead or Alive Xtreme Beach Volleyball, que iba de voley playa femenino con toda la carga erótica que eso conlleva. De hecho, diría que las tetacas de las mozas rebotaban más que la propia pelota.

En fin, por estos años se descubrió un filón a la hora de incluir personajes femeninos atractivos en los videojuegos y dejar que la calenturienta imaginación de los jugadores hiciera el resto. Ahí tenemos por ejemplo a Aya Brea de Parasite Eve, Hana de Fear Effect, las chicas de Resident Evil…

Hasta entonces, la cosa se quedó ahí. Con todos estos personajes sexys que vieron la luz se tendía a sugerir mucho, pero no era común que se mostrase carne ni guarradas de manera explícita. Pero con el cambio de milenio se ve que algo cambió en el chip de nuestras consolas debido al efecto 2000 o vete a saber qué, que de repente la cosa pasó a ser cada vez menos sutil. La tendencia era el descaro puro y duro, y ya no bastaba con poner a una muchacha en bikini o tratar temas adultos, sino que el contenido sexual explícito muchas veces eran un reclamo importante en muchos juegos. Podríamos afirmar que la industria del videojuego ya iba a calzón quitado (y nunca mejor dicho).

¿Por qué digo esto? Bueno, supongo que recuerdas que a todos los chavalillos de entonces les dio por jugar a los Grand Theft Auto ya no solo por la libertad de hacer el bestia a lo largo y ancho de una ciudad, sino también por aquello de ir al club de striptease o recoger putillas callejeras con el coche para “darles trabajo”. Si es así, supongo que también recuerdas el escándalo que se lió con el famoso mod Hot Coffee de GTA San Andreas. 

Otro buen ejemplo es Lula 3D, lanzado en 2005. Una suerte de aventura gráfica para PC en la que encarnabas a una actriz porno que debía encontrar a tres compañeras secuestradas para así poder continuar con el rodaje de tu película X. El juego era más malo que un estornudo con diarrea, pero ofrecía mucho contenido explícito (y chabacano) y bueno, eso era lo único que importaba. 

Aquí donde lo ves, Lula 3D se promocionaba incluso desde la propia portada del juego como un título que contenía una “tecnología de tetas bamboleantes”. El juego que emocionó a Gustavo Adolfo Bécquer, vaya. 

Y ojo, que aún hay más. No sé si recordarás la franquicia Dave Mirra Freestyle BMX. Pues en el 2002 Acclaim decidió darle a la saga un repasito de acuerdo a los tiempos que corrían, y ahí nació BMX XXX. Por el nombre del juego es fácil deducir que no iba sobre rezar el santo rosario precisamente, sino que era un espectáculo de cabriolas con las bicis junto con desnudos, humor guarro, contenido extra de chicas desnudándose y escenas subiditas de tono, y por supuesto bastante polémica. Incluso el propio Dave Mirra acabó querellándose con la desarrolladora por 21 millones de dólares, entre otros muchos temas, por la temática pornográfica del juego. Y además grandes tiendas como Walmart, Toys “R” Us y KB Toys se negaron a venderlo, y la versión para PlayStation 2 tuvo que eliminar parte de su contenido. ¿Te parece poco?

Pero no te vayas a pensar que estos jaleos sirvieron para amedrentar a las desarrolladoras y hacer juegos más familiares, qué va. Aquí se cumple una máxima inamovible: “Cuando las ganas de follar aprietan, ni los culos de los muertos se respetan”. Y entonces se siguieron subiendo las apuestas para regocijo de la comunidad pajillera. Tras el éxito de Los Sims, celebérrimo simulador de vida donde se podía “hacer el ñiqui ñiqui“, algunas compañias encontraron un filón en este tipo de juegos y los llevaron al lado de la perversión. Me refiero a juegos como Singles ¿En tu casa o en la mía? que venía a ser del mismo estilo pero orientado a solteros que comparten piso con erótico resultado, 7 Sins, un juego horrible que iba básicamente de ser un cabrón pecador de la pradera que se las trajinaba a todas de las maneras más éticamente reprobables que te pudieras imaginar, o Playboy: The Mansion, que le daba un toquecito de gestión, encargándote emular a Hugh Hefner cuidando de la famosa mansión y, por supuesto, de sus conejitas. 

7 Sins mezcla el aspecto social de Los Sims con minijuegos cutres y escenas cochinas. Yo te aviso desde ya que este juego es más malo que un dolor de muelas. 

¿Y qué ocurrió también a principios de los 2000? Pues que se pusieron muy de moda los MMORPG. Y al igual que cuando a un chaval le das un lápiz y un papel sabes que va a dibujar una polla como una olla, cuando a ese chaval le das un mundo abierto en el que puede socializar con desconocidos por Internet, sabes que va a intentar hacer guarrerías virtuales. Esto era el pan nuestro de cada día en Tibia, Habbo Hotel, World of Warcraft, Lineage II… y sobre todo Second Life, que se prestaba mucho más a este tipo de interacciones. Básicamente ocurrió que todas las porquerías que le hacías a los moñecos de Los Sims ahora podías hacérselas a los avatares de otros jugadores en tiempo real. Que no te engañen, la tecnología realmente avanza por conseguir cosas como éstas.

Aquí se revolucionó todo bastante, porque además se pasó de simplemente mostrar sexo en juegos a dejar que la gente hiciera lo que le saliera de las pelotas cuando se conectaba online, guarrerías incluidas. La gente iba más caliente que el palo de un churrero y los mundos persistentes fueron testigos de ello. Y a esto súmale que los MMORPGs daban pie a conocer mucha gente como si del chat de Terra se tratase, hasta tal punto que más de uno (y me incluyo) se desplazó cientos de kilómetros para jugar a los médicos con alguien que conoció en un juego de estos. Pero esa ya es otra historia…

Como curiosidad, también cabría destacar que por esta época y gracias de nuevo a la llegada de Internet a la mayoría de casas, también proliferaron los juegos de navegador web con temática guarruna. ¿Te creías que los juegos flash y similares se iban a librar? Pobrecico, qué ingenuo eres. Date Ariane fue uno de los más famosos y de los más recordados por aquellos entusiastas del noble arte de sacarle punta al lápiz. Tanto, que hay versión remasterizada e incluso secuelas en Steam. Puedes jugar a una versión ligeramente actualizada de la original de 2004 aquí.

Date Ariane era más fácil que la tabla del uno. Tenías una cita con la incauta muchacha en cuestión, y tenías que ir escogiendo opciones de conversación que la fuesen convenciendo de acabar la velada con escenas animadas como esta. Nada más, ése es todo el juego. No busques más, que no hay.

Avanzando un poco más en el tiempo, llegamos a la década de 2010 y aquí nos encontramos con otra evolución bastante importante. El sexo empezó a tratarse de una manera mucho más madura y sobre todo pasó a tener un papel importante dentro de la propia narrativa. Ya no se trataba simplemente de enseñar carne, provocar al jugador o utilizar el erotismo como reclamo. Ahora el sexo podía formar parte de una historia de amor, de una compleja relación entre personajes o incluso tener consecuencias muy importantes en el desarrollo de la aventura.

Los mejores ejemplos los encontramos en los juegos de rol de BioWare, con Dragon Age y Mass Effect a la cabeza, u otros como la saga The Witcher. En ellos podíamos establecer relaciones sentimentales con algunos de nuestros compañeros de viaje, y si la cosa iba bien y sabíamos jugar nuestras cartas podíamos acabar juntando con ellos las cositas de mear. Pero, y aquí está la diferencia importante, echar un caliqueño no era el objetivo final, sino un paso más en la relación. Juegos más actuales como Baldur’s Gate III o Cyberpunk 2077 copiaron esta forma de manejar las relaciones sexuales en sus juegos. 

Otro punto a favor de esta evolución fue que empezaron a aparecer personajes abiertamente gays y bisexuales con los que podíamos mantener relaciones homosexuales si así lo queríamos, tratándose además el asunto con una naturalidad, un respeto y una madurez que poco tenían que ver con lo que habíamos visto años atrás.

Lo más interesante era todo lo que ocurría antes y después. Me refiero al proceso de conocer al personaje, profundizar en su historia, estrechar la relación, tomar determinadas decisiones, descubrir sus sentimientos y comprobar cómo ese romance podía afectar a nuestra aventura. En algunos casos nuestras decisiones podían incluso influir directamente en el final del juego.

De esta manera el sexo dejaba de ser simplemente un premio que recibíamos por completar una misión o una excusa para enseñar unas tetas o un coño pelúo, y se convertía en una consecuencia natural de la relación entre dos personajes. Por primera vez en este recorrido, aquello empezaba a parecerse bastante más a cómo funciona el sexo en la vida real: como una parte más de las relaciones humanas, con sentimientos, decisiones y consecuencias.

Pero esta evolución no significó ni mucho menos que el sexo dejase de utilizarse como reclamo. Mientras algunos videojuegos empezaban a tratar las relaciones sexuales con bastante más naturalidad, Internet seguía haciendo de las suyas y convirtiendo cualquier personaje mínimamente atractivo en carne de meme, fanart y por supuesto porno. Y si hubo una saga que demostró hasta qué punto había cambiado la relación entre videojuegos, sexualidad e Internet, esa fue sin duda Overwatch. Este videojuego de Blizzard se convirtió rápidamente en un auténtico fenómeno y sus personajes, especialmente las féminas, empezaron a protagonizar una cantidad de contenido sexual creado por los propios usuarios que se nos fue completamente de las manos. Hasta Pornhub llegó a registrar una auténtica fiebre de búsquedas relacionadas con Overwatch. Vamos, que Blizzard creó un shooter por equipos, pero los usuarios de la Intenné decidieron que lo que necesitaban era otra cosa.

Lo curioso es que aquí el sexo ni siquiera estaba dentro del videojuego, lo puso Internet. Y esto me parece importante porque marca otra evolución, y es que los desarrolladores ya no tenían el monopolio de la sexualización de los protagonistas de sus videojuegos. Una vez que estos personajes se convertían en iconos de la cultura popular, la comunidad hacía con ellos prácticamente lo que le salía de los cojones. 

Todas estas barbaridades que ves aquí, protagonizadas por las chicas de Overwatch, son el pan nuestro de cada día en tu página porno de cabecera.

Ya por esta época, mientras los degenerados de Internet se dedicaban a hacer sus guarradas, otro fenómeno que cabe destacar en este artículo empezó a crecer como la espuma: las visual novels para adultos. No es que se inventase nada nuevo, pues todo esto ya lo veníamos viendo desde hace mucho tiempo atrás. Ahora bien, si la mayoría de ellas eran básicamente porno interactivo ahí a lo loco, otras empezaron a desarrollar historias, personajes y relaciones bastante más elaboradas. El material para sacudirte la sardina seguía ahí, por supuesto, pero había una trama que más o menos justificaba las escenas cachondas y también existía la posibilidad de tomar decisiones que cambiarían el devenir de la partida. A lo mejor el cambio se trataba de, por ejemplo, algo como que en lugar de hacerle un anal fisting a Pepita en su habitación, acababas disfrutando de una lamida de escroto por parte de Manolita en los baños de la facultad, pero eso también traería consecuencias a futuro más serias para tu personaje a lo largo de su erótica aventura.

¿Quieres ejemplos de este tipo de juegos? Pues hay para aburrir, pero los títulos más célebres son House Party, FreshWomen, College Kings, Lust Theory, Being a DIK, Reclaiming the Lost, Acting Lessons, Summer with Mia, Leap of Faith, Freshie Sisters… y bueno, la verdad es que la mayoría de ellos están cortados por el mismo patrón, casi todos incluso comparten el mismo motor gráfico, y el argumento suele girar alrededor de un chico que entra a la típica universidad norteamericana repleta de fiestas con hectolitros de alcohol, tíos más salidos que el pico de una plancha y sobre todo mozas más calientes que un balonazo en la oreja. 

Sí, sí, seguro que juegas a Being a DIK solo por la trama, claro.

Y si las visual novels guarras ya demostraron que hay mucho público dispuesto a jugar a videojuegos cuyo principal atractivo es el sexo, ¿cuál sería el siguiente paso lógico para la industria del videojuego? Exacto, multiplicarlo todo por mil. Y es que llegamos por fin a la actualidad, donde hay videojuegos pornoeróticofestivos para prácticamente cualquier gusto imaginable. A estas alturas parece que cualquier perversión y/o fetiche está aceptado en el mundo del videojuego y todo vale. Y cuando digo todo, es TODO. 

¿Eres un vicioso y te va el rollo furro? pues prueba Furry Love, Dungeons & Furry o Astra: Ardent Show. Si en cambio prefieres acicalarte la nutria al estilo oriental con un poco de hentai, quizá te interese Aeons Echo, Pussyhugger Penetration, Hentai Stories, Aristoputas, Awaken: Hentai Dice o Sex, Secrets & Used Tech. O cualquiera de los miles de títulos que existen de esta categoría, cada cual más retorcido y enfermo que el anterior. Ya te digo que estos japos están grilladísimos de la cabeza…

Ahora bien, si a ti lo que te pone es el porno medieval, con elfas y brujas siendo forzadas por monstruos con muchos tentáculos fálicos, podrías darle un erótico tiento a Goblins Stole my Panties o a Lewd Dungeon Manager, que es como la versión marrana del mítico Dungeon Keeper. Pero espera, que puede que tú seas más de futanari y femboys (básicamente, mujeres con más rabo que un burro viejo). Si es el caso deléitate con Apocalypse with Femboy, Femboy & Futa House o Femboy Futa Cozy Cafe, por ejemplo. Incluso si te van las emociones muy fuertes y ya te la suda todo muchísimo, posiblemente te guste Sex with Hitler o su secuela Sex with Stalin, yo que sé. Total, ya puestos a experimentar con cosas raras…

No te haces una idea de todas las porquerías a las que he tenido que jugar para documentarme para este artículo. Por ejemplo, esto es de lo menos degenerado que verás en Femboy & Futa House. Y va en serio.

Pero espérate, no te la guardes aún, que todavía queda mucho material para satisfacer tus más oscuros deseos. Y es que fíjate al punto al que hemos llegado, que si por lo que sea todo esto te pareciese poco, además de recomendarte un buen psiquiatra para tratarte de lo tuyo, te diría que visites Nutaku, que viene a ser una plataforma de juegos similar a Steam pero dedicado exclusivamente a juegos pornográficos. Sí, como lo oyes. Hemos llegado al punto de que existe un puto Steam porno con barra libre de cerdadas para todo el mundo. Pa que veas de qué manera se abrió la veda. Te cagas en las bragas, Manué.

Pero tampoco te confundas, eh. La gran mayoría de los títulos que hay en Nutaku son una basura, sinceramente. Suelen ser ports de juegos gacha gratuitos de móvil, de ésos plagados de técnicas de monetización salvaje y con la profundidad jugable de un zapato, y además casi todos están hechos con IA de manera muy cutre. Realmente, no merece la pena, pero el hecho de que esto exista creo que define muy bien el cómo se ha desmadrado todo esto en los últimos años.

Mas allá de las escenas guarras, no hay mucho mayor incentivo para jugar a la mayoría de títulos que hay en esta plataforma, la verdad. Más aburridos no pueden ser.

En fin, así es como están las cosas hoy día. Como ves, hay de todo y para todos. Y es que, si te paras a pensarlo, la evolución de la industria nos ha acabado llevando a juntar el pack completo de todo lo que hemos ido viendo a lo largo de estos párrafos. Seguimos teniendo en la actualidad personajes de videojuegos sexualizados hasta las cejas (ahí están 2B de Nier: Autómata, Eve de Stellar Blade, las chicas de League of Legends, Lucía de GTA VI…) y aún continúan los degenerados de Internet haciendo porno con ellos, seguimos teniendo juegos donde el sexo es una parte más de la historia, otros en los que directamente es el principal reclamo y hasta plataformas enteras dedicadas exclusivamente a distribuir pornojuegos. Lo que antes eran fenómenos aislados ahora convive todo junto y a una escala que hace unas décadas nos habría parecido completamente absurda. Todo ello pa que tú te pongas berraco mientras echas unas partidas. 

Y bien, llegamos finalmente a la pregunta del millón, al debate al que yo quería llegar desde el principio: ¿Han madurado los videojuegos respecto al sexo o simplemente hemos aprendido a representarlo de otra manera?

Pues un poco de ambas cosas, diría yo. Porque por una parte, es muy evidente que hemos avanzado bastante. Porque el videojuego pasó de decir “mira, unas tetas xD” a mostrarte el sexo como parte natural de la relación entre personajes y se integrase de forma natural en la narrativa. Pero claro, por otro lado estaríamos pecando de una ingenuidad pasmosa si afirmáramos que de repente el mundo del videojuego se ha vuelto de repente más maduro y reflexivo con este tema.

Y es que ya no es solo que tengamos las mismas guarradas que antes, es que las tenemos elevadas al infinito, en calidad ultra definida y prácticamente personalizadas al máximo. ¡Y ojo, que esto no es malo para nada, al revés! Yo celebro que cada cual se apuñale la ingle como quiera, es tan solo que una oferta tan absurdamente inmensa nos ha traído de golpe una saturación de videojuegos totalmente mediocres usando el porno como único aliciente, y eso ya no me parece tan bien. Pélatela con una visual novel de furros nazis si quieres, pero intenta que el juego sea medianamente bueno, por favor. O decente, como mínimo.

Hemos madurado mucho a la hora de representar el sexo en los videojuegos, vale, pero tampoco nos flipemos mucho porque también seguimos sexualizando muy a lo bestia y porque sí a las féminas, como pasa en Stellar Blade. 

Puede que a ti, querido lector, te dé igual todo esto que te estoy contándo y solo hayas venido a mirar tetas o buscando recomendaciones de juegos porno, porque simplemente quieres matarte a pajas mientras juegas. ¡Me parece justo y hasta me alegro! pero mira, ya de paso te he dado algo en lo que pensar. Y es que hemos aprendido que tras varias décadas de evolución, el sexo en los videojuegos ahora puede ser polémico, ridículo, absurdo, provocador, narrativo, artístico, gamberro, comercial o directamente una soberana guarrada que haría vomitar a una cabra. Pero, nos guste o no, lleva formando parte del medio y adaptándose a la sociedad prácticamente desde que la primera vez que alguien decidió poner un ojete moreno en la pantalla de una videoconsola.

En fin, para ir acabando te recordaré lo que nos decían nuestros padres: “No te hagas muchas pajas que te quedarás ciego”. Yo por mi parte decidí que el día que empiece a ver borroso pararé y te aconsejo que hagas lo mismo, y mientras tanto disfruta, que la vida son dos días. Tenlo en mente la próxima vez que vayas a jugar a videojuegos usando el joystick en lugar del mando.

 

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